El rey Carlos III tiene el reto de convencer al mundo de que la monarquía aún vale la pena

Con la muerte de la reina Isabel II, su primogénito subió al trono el pasado 10 de septiembre como el rey Carlos III del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Muchos están empezando a preguntarse cómo se perfilará su reinado.

La primera inquietud que ha surgido entre algunos analistas es que el nuevo monarca podría ser, como apunta la prensa inglesa, un rey “metiche”; es decir que interferirá en temas políticos, a diferencia de su madre, quien siempre supo mantenerse políticamente neutral.

Estas preocupaciones aparecen debido al comportamiento del ahora rey durante su época como príncipe de Gales, cuando demostró tener pocos pelos en la lengua y, frecuentemente, expresaba sus opiniones sobre temas que le interesaban personalmente, como por ejemplo la agricultura, la planificación urbana y, particularmente, el cambio climático.

En 2015 protagonizó un escándalo cuando se publicaron las cartas, los denominados memos de “araña negra”, que el entonces príncipe había escrito a varios parlamentarios, en los cuales hacía una especie de lobbying sobre diferentes temas políticos.

El rol de un monarca constitucional requiere de neutralidad y discreción, por lo que, de ahora en adelante, el rey Carlos III tendrá que abstenerse de hacer públicas sus opiniones para evitar choques directos con los diferentes poderes del Estado, y así continuar con el equilibrio en la monarquía constitucional que logró su madre.

Adicionalmente, uno de los desafíos importantísimos que enfrentará el rey es el de mantener a flote la relevancia de la monarquía en un mundo tan reaccionario a las instituciones tradicionales. El Reino Unido ha cambiado mucho desde que ascendió al trono Isabel II, en 1952, y la composición racial y social del país ahora es distinta.

Hoy por hoy cohabitan una enorme diversidad de culturas, lenguas, razas e intereses. El rey Carlos III tendrá que estirar la mano a todas esas culturas y convertirse en un monarca más inclusivo y receptivo.

Renovar la imagen de la monarquía entre los más jóvenes del país, muchos de los cuales ven a la institución como algo conservador y de costumbres anticuadas, es algo que parece urgente también. Para ello, cuenta con la ayuda de su hijo mayor, Guillermo, y su familia, quienes gozan de popularidad entre la población joven.

Sin embargo, el trabajo más urgente, y quizás más difícil, a mi parecer, es el de evitar escándalos familiares como los que se hicieron públicos en los últimos años con su hermano, el príncipe Andrés, y con su hijo Enrique. El rey debe poner un alto a la disputa con Enrique y su esposa, Meghan Markle.

Estas peleas han llegado a hacerse públicas internacionalmente y solo han desprestigiado a la monarquía como institución. Sobre este tema se ha especulado que Carlos III podría, inclusive, reducir los miembros de la familia real al mínimo indispensable, emulando el modelo de la familia real sueca, en la que únicamente el monarca y el/la heredero/a tienen un papel protagónico.

De esta forma, podría distanciarse del comportamiento de ciertos miembros de la familia real, evitar escándalos y, algo más valioso para el pueblo británico, reducir el gasto impositivo que implica mantener a la toda la familia real.

El rey Carlos III tiene un gran reto por delante: convencer al mundo de que la monarquía aún vale la pena. (I)

Fuente: Diario El Universo, EcuaPost

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